Invertir en el verdadero lujo es un acto de significado, no de exceso. En un mundo que celebra la inmediatez, la velocidad y la conveniencia, el lujo auténtico sigue siendo uno de los últimos refugios del tiempo, la emoción y la maestría artesanal. Para Karine Lanctot, directora de Desarrollo de Negocios y Clientes VIP en Samaritaine Paris, el lujo no trata de poseer, sino de apreciar.
Es una inversión en la belleza que perdura, en el arte detrás de cada creación y en la emoción silenciosa que solo las experiencias más finas pueden despertar. A través de su mirada, comprendemos por qué el lujo se ha convertido en algo más que un símbolo de estatus: es una forma de vivir, sentir y expresarse.
EL ALMA DEL LUJO
“He trabajado en la industria del lujo durante veinte años”, cuenta Karine. “Comencé en Chanel Jewelry, en el departamento de Alta Joyería, y pasé una década en otras casas joyeras antes de llegar al universo de los grandes almacenes parisinos. Ahí descubrí mi verdadera pasión: la experiencia del cliente y la excelencia en el servicio.”
Su llegada a Samaritaine, en 2019 –dos años antes de su reapertura–, marcó un antes y un después. “Fue una aventura extraordinaria formar parte del renacimiento de un lugar tan emblemático de París, lleno de historia y emoción. Hoy tengo el privilegio de dirigir el desarrollo de clientes individuales y crear experiencias personalizadas que van mucho más allá de las compras.”
Para Lanctot, el lujo se construye a partir de emoción, belleza y conexión humana. “Trabajo cada día rodeada de equipos apasionados y socios excepcionales en todo el mundo. Eso, para mí, es el verdadero significado del lujo.”
MÁS ALLÁ DEL PRECIO
El lujo, dice, es ante todo una experiencia. “Es un instante suspendido en el tiempo, hecho de savoir-faire, atención al detalle y emoción. El verdadero lujo cuenta una historia: la de quienes lo crean, su maestría, su paciencia y su pasión. No se trata de exceso ni ostentación, sino de la autenticidad con la que la belleza se expresa.”
Esa autenticidad, precisamente, es lo que lo vuelve atemporal. “Las tendencias pasan, pero la emoción que genera algo hecho con intención y cuidado permanece. Lo que nunca pierde su valor es el toque humano.”
EL LUJO DE SENTIR
Para Karine, el lujo también es una forma de expresión y autocuidado. “Depende de cada persona, pero para mí, es ambas cosas. Es rodearte de lo que tiene sentido, y de lo que refleja tu gusto y tu historia. No se trata de mostrar, sino de sentir: detenerte para apreciar la belleza y la serenidad que nacen de algo bien hecho.” Esa visión la ha llevado a defender una idea sencilla y poderosa: la experiencia supera al objeto. “Una compra puede darte placer, pero una experiencia crea recuerdos. Los objetos se desgastan; los momentos vividos, especialmente con quienes amamos, permanecen. Viajar, por ejemplo, es para mí la forma más pura del lujo, porque me permite descubrir nuevas culturas y ver el mundo a través de los ojos de mi familia. Esos instantes nos transforman y nos recuerdan lo que realmente importa.”
SAMARITAINE: EL ARTE DE VIVIR EL LUJO
El edificio de Samaritaine, joya del art nouveau, encarna la esencia del lujo francés: herencia, creatividad y trabajo artesanal. “Queremos que cada visitante sienta el alma de París –esa mezcla de belleza, emoción y riqueza cultural. Hoy, el lujo dejó de ser solo un acto de consumo, para convertirse en un diálogo entre el arte, la emoción y la inspiración.”
En Samaritaine, explica, esta visión se traduce en experiencias exclusivas: “Visitas privadas, encuentros con artistas o cenas en lugares inesperados. Lo importante no es la exclusividad, sino la emoción que provocan. Buscamos que cada cliente sienta algo único, algo que permanezca mucho después del momento.”
EL VALOR DE LO AUTÉNTICO
Karine está convencida de que el futuro del lujo estará definido por la conexión humana. “El verdadero lujo ya no se mide por la rareza de un producto, sino por la sinceridad y la emoción de las personas que lo hacen posible. Nuestros estilistas, por ejemplo, crean vínculos reales con los clientes; muchos regresan no solo por las colecciones, sino por ellos. Eso es lo que lo hace verdaderamente excepcional.”
Y concluye que los momentos más valiosos son aquellos que el dinero no puede comprar… “aquellos en los que la belleza, la cultura y la emoción se encuentran. En el fondo, lo más raro del lujo no es el objeto, sino el toque humano que lo vuelve significativo”.
Porque invertir en el lujo –el verdadero– no es un acto de exceso, sino de sentido: una forma de reconocer la belleza como una experiencia que trasciende el tiempo.
Por: Alexis Mustri Guindi
















