Para Sacha Lakic, el diseño nunca ha sido una cuestión puramente visual. Desde niño entendió que las formas podían provocar emociones. Un encuentro marcó el inicio de todo: un Ford Mustang, el mismo que Steve McQueen condujo en Bullitt. “Quedé hipnotizado. Observé cada línea, cada curva, hasta grabarlas en mi memoria”, recuerda. Aquel instante sembró una pasión que hoy define cada creación de Blacktrack.
Fundada en 2016, la marca nació como la materialización de un sueño personal: dar vida a objetos con carácter, donde la estética, la ingeniería y la emoción conviven de manera natural. “Diseñar es provocar una reacción, una sensación inmediata”, afirma Lakic. Esa filosofía atraviesa todas las áreas que toca, desde el mobiliario contemporáneo hasta el diseño urbano, la tecnología y, por supuesto, el mundo de las motocicletas.
Cuando el arte se encuentra con la mecánica
Cada Blacktrack Café Racer es una pieza única. El proceso creativo comienza de manera radical: del modelo original solo se conserva el motor. Todo lo demás se reconstruye desde cero con componentes optimizados, materiales actuales y un lenguaje visual propio. “Me interesa que una motocicleta transmita movimiento incluso cuando está detenida”, explica el diseñador.
Estas máquinas, producidas en ediciones limitadas, reflejan un respeto profundo por el trabajo artesanal, la innovación y la individualidad. Son objetos pensados para quienes desean algo más que rendimiento: buscan una experiencia.
Clásicos Reinterpretados
BT-02, desarrollado a partir de un motor Triumph Thruxton 1200R, rinde homenaje a la mítica Norton Manx de 1959. Con solo dos unidades fabricadas, artesanos franceses trabajaron a mano en cada detalle —del tanque en aluminio al asiento de piel—, logrando una fusión perfecta entre nostalgia y tecnología contemporánea. BT-03, basada en una Harley Davidson Softail Fat Bob, toma como referencia la icónica XLCR Café Racer.
“Es una conversación entre pasado y presente”, comenta Lakic. Su diseño exclusivo y producción limitada la convierten en una pieza refinada y poderosa. Con el BT-04, Blacktrack lleva su visión al mundo automovilístico. Esta reinterpretación del Porsche 964 combina tradición y modernidad en un vehículo completamente personalizado, donde el placer de conducir y la expresión individual son los protagonistas.

BT-05 CENTO, fabricada en Italia, es una Café Racer pensada para la pista. Inspirada en la Moto Guzzi 850 Le Mans de los años setenta, destaca por su diseño limpio y su impresionante reducción de peso, que resalta la fuerza de su motor V2 y la precisión de su chasis.
BT-06, resultado de la colaboración entre Bell & Ross y Blacktrack, representa una fusión creativa excepcional. La motocicleta y el reloj se diseñaron de forma simultánea, influyéndose mutuamente. “Queríamos que la precisión de la relojería se reflejara en cada línea de la moto”, explica Lakic. El resultado es una auténtica obra de arte en movimiento.
Un universo que va más allá de las motocicletas
La identidad de la marca se extiende a otros objetos cuidadosamente diseñados. Sus lentes, fabricados en Italia, destacan por sus varillas de diseño patentado, inspirado en la mecánica de las motocicletas, un detalle que conecta con el ADN técnico de la marca.
Su línea de bolsos y mochilas de piel traslada el espíritu viajero a la actividad cotidiana. Elaboradas con la misma piel utilizada en los asientos de sus Café Racers, estas piezas están pensadas para envejecer con carácter, desarrollando una pátina única con el tiempo. Funcionales, discretas y producidas en ediciones limitadas, reflejan el mismo cuidado por el detalle.
Los pañuelos de seda, confeccionados en Francia, y las impresiones artísticas en metal, completan un universo donde cada objeto cuenta una historia. “No se trata de diversificar por hacerlo, sino de mantener una coherencia absoluta en todo lo que creamos”, señala Lakic.
Una firma con identidad propia
Blacktrack no sigue modas ni busca la producción masiva. Su propósito es crear piezas con alma, destinadas a quienes entienden el diseño como una experiencia emocional. “El verdadero lujo está en la singularidad y en la historia que hay detrás de cada objeto”, concluye Sacha Lakic. En un mundo acelerado, Sacha nos invita a detenernos, observar y sentir. Porque cuando el diseño conecta con la emoción, un artículo deja de ser un objeto para convertirse en una extensión de quien lo elige.
Por: Alexis Mustri











