Si hay un país que combina tradición milenaria, dinamismo moderno, buena gastronomía y un sentido del lujo que se expresa en detalles sutiles, ese país es Corea del Sur. Desde el primer momento, uno siente que llegó a un lugar especial, donde cada gesto tiene significado, donde la historia convive con la tecnología sin perder su esencia y donde la gastronomía, la hospitalidad y la estética forman parte de un mismo lenguaje.

Para descubrir Corea del Sur como merece, propongo comenzar por Seúl, una ciudad que no solo se visita: se vive. Primero, le recomiendo visitar el Palacio Gyeongbokgung. Vaya temprano para evitar aglomeraciones, cuando los patios todavía están en silencio. Camine alrededor del palacio y observe los colores intensos de las puertas, la simetría perfecta de los pabellones y la delicadeza con que cada espacio se concibió durante la dinastía Joseon.
Si tiene suerte, podrá observar a algunos turistas vestir los trajes típicos coreanos. Es imperdible presenciar el cambio de guardia, un ritual que parece suspendido en el tiempo con los colores de los uniformes, las armas y los tambores de aquella época. El cambio de guardia ocurre dos veces al día, a las 10:00 y a las 14:00 horas. Desde ahí, continúe hacia Bukchon Hanok Village, un barrio tradicional donde las casas hanok conservan la esencia de la arquitectura coreana.

Le sugiero detenerse en una casa de té. Pida un té de ciruela o de jengibre y disfrute unos minutos contemplando cómo la vida moderna fluye alrededor sin alterar la serenidad del lugar. Después, camine hacia Insadong, un barrio lleno de galerías, tiendas de artesanía y pequeños cafés donde podrá encontrar desde cerámica tradicional hasta pinceles para caligrafía hechos a mano.
A la hora del almuerzo, reserve una mesa en Jungsik, un restaurante con dos estrellas Michelin que redefinió la cocina coreana contemporánea. Su reinterpretación del bibimbap —un platillo icónico del país— es una obra de arte. Pruebe también el famoso octopus, tierno y perfectamente glaseado. Si prefiere una experiencia más tradicional, Mingles, con tres estrellas Michelin, ofrece una cocina que combina técnicas modernas con sabores profundamente coreanos, logrando un equilibrio que sorprende incluso a los paladares más exigentes.

Por la tarde, explore Myeongdong, un paraíso para quienes disfrutan la moda, la cosmética y la energía urbana. Si busca algo más refinado, diríjase al distrito de Gangnam (mi favorito), símbolo de la modernidad coreana. Aquí encontrará boutiques de lujo, cafés minimalistas, galerías de arte contemporáneo y avenidas donde la arquitectura parece competir por llamar la atención. Le recomiendo caminar por Cheong-dam-dong, donde las tiendas de alta costura conviven con restaurantes elegantes y donde cada esquina parece hecha para ser fotografiada.
En caso de que le interese la cultura pop, el centro comercial COEX ofrece desde la icónica Starfield Library —una biblioteca monumental que parece salida de una película— hasta tiendas dedicadas al K-pop que atraen a fanáticos de todo el mundo. Como nota, el K-pop es un género musical originario de Corea del sur que abarca diversos estilos de música, entre ellos el pop, el hip hop y la música electrónica.

Camine por el arroyo Cheonggyecheon, un oasis urbano que atraviesa el centro de la ciudad, y luego suba a la Seoul Tower, ubicada en la cima del monte Namsan. Le recomiendo llegar justo antes del atardecer: desde ahí, la ciudad se transforma lentamente en un océano de luces infinitas. Es una vista que no solo impresiona: emociona, porque permite comprender la magnitud y el ritmo de esta emocionante capital.
Es imprescindible visitar las boutiques de belleza que convirtieron al país en un referente mundial del cuidado de la piel, especialmente en los distritos de Myeongdong y Gangnam. Le sugiero entrar a Sulwhasoo Flagship Store, una casa de belleza que combina ingredientes tradicionales con rituales inspirados en la medicina coreana. Ahí puede recibir un tratamiento facial que deja la piel luminosa y descansada. Otras opciones son las tiendas de Dr. Jart+, con tratamientos de hidratación profunda y mascarillas que han conquistado a viajeros de todo el mundo.

Para hospedarse, le recomiendo el Signiel Seoul. Es una experiencia en sí misma, con habitaciones suspendidas en el cielo, vistas que cambian de color a lo largo del día y un servicio impecable. Si prefiere un ambiente más clásico, The Shilla Seoul es un ícono de elegancia discreta, con un spa que invita a desconectarse del mundo. Y si busca diseño contemporáneo, el Four Seasons Seoul combina modernidad, confort y una gastronomía excepcional.
Cuando deje la capital, le recomiendo viajar a Gyeongju, un lugar donde la historia se respira a cada paso. Aquí, cada colina esconde una tumba real y cada sendero parece conducir a un templo antiguo. Pasee por el Parque de los Túmulos, donde las tumbas de los reyes Silla se elevan. Adicionalmente, visite el Observatorio Cheomseongdae, una estructura de piedra desde donde se ha observado el cielo por más de mil años, y luego diríjase al Templo Bulguksa, uno de los tesoros arquitectónicos más importantes del país.

Le recomiendo llegar al atardecer, cuando la luz dorada ilumina las escaleras de piedra y los estanques reflejan los colores del cielo. Si tiene tiempo, explore la gruta Seokguram, donde una estatua de Buda tallada en granito observa el horizonte con una serenidad que conmueve incluso a quienes no practican el budismo. Gyeongju es un lugar para caminar sin prisa, empaparse del silencio y sentir que uno forma parte de una historia mucho más grande.
Desde allí, continúe hacia Busan, una ciudad donde el mar y la elegancia se encuentran de manera natural. Comience visitando el Templo Haedong Yonggungsa, construido frente al océano. Llegue temprano para escuchar el sonido de las olas golpeando las rocas mientras el templo despierta lentamente. Después, camine por la playa de Haeundae, donde el mar convive con la arquitectura moderna y el ambiente relajado invita a disfrutar del día sin prisa. Los amantes del arte deben visitar el barrio cultural de Gamcheon, un laberinto de casas coloridas, murales y pequeñas galerías que parecen flotar sobre la colina. Se le conoce como el Machu Picchu de Busan.

Para hospedarse, el Park Hyatt Busan ofrece habitaciones que parecen flotar sobre el puerto. Por la noche, reserve en Palais de Gaumont, un restaurante Michelin donde la cocina francesa se combina con ingredientes coreanos. El menú degustación con maridaje es una experiencia imperdible.
Finalmente, le recomiendo volar a Jeju, una isla volcánica que parece diseñada para quienes buscan belleza natural y tranquilidad absoluta. Le recomiendo subir al cráter Seongsan Ilchulbong al amanecer. Disfrutar la vista del sol emergiendo sobre el mar es una imagen memorable del país, y una de las que más he disfrutado en mis viajes.
Explore las cascadas Jeongbang y Cheonji-yeon, donde el agua cae con fuerza hipnótica, y camine por los senderos de Hallasan, la montaña más alta de Corea, que ofrece paisajes que cambian con cada estación. Si prefiere las playas, este lugar tiene algunas de las más hermosas del país, con arenas blancas y aguas de color turquesa que invitan a detener el tiempo. Hospédese en The Shilla Jeju, un resort rodeado de jardines y piscinas que parecen fundirse con el horizonte. Pase la tarde disfrutando de un masaje tradicional coreano.

Es imprescindible probar el famoso black pork de la isla, preparado a la parrilla con una técnica que resalta su sabor único. Viajar por Corea del Sur también implica abrazar su cultura. Algunos tips de cortesía serían: un leve gesto de cabeza expresa respeto; el silencio en los templos forma parte del paisaje, y la comida se comparte como un acto de conexión. Aunque la tecnología domina, la tradición sigue marcando el ritmo de la vida cotidiana, y es precisamente esa dualidad lo que vuelve tan fascinante al país.
Si desea ver Corea en su máximo esplendor, le recomiendo viajar en la primavera, entre abril y junio, cuando los cerezos florecen y el clima es agradable, ideal para recorrer templos y parques. Si prefiere paisajes dorados y temperaturas frescas, elija el otoño, de septiembre a noviembre. Yo viajé en esta temporada, y el clima es perfecto. Ambas épocas ofrecen el equilibrio ideal entre belleza natural, clima agradable y experiencias culturales inolvidables.
Como mexicanos, no necesitamos visa para ingresar a Corea del sur. Con el pasaporte podemos permanecer un máximo de 90 días como turistas. Lamentablemente, no hay vuelos directos a Corea del sur. Las rutas más cómodas suelen ser vía Los Ángeles, Vancouver, Dallas o Tokio. Así, tendrá la oportunidad de visitar otro país en este viaje.
Por: Edgar Tinoco



